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Néstor Mora

Noviembre 03, 2017


Néstor Mora, uno de los buenos representantes que ha tenido el ciclismo colombiano, nació el 20 de septiembre de 1963 en la ciudad de Bogotá. A este deporte llegó casi que por accidente; era aficionado al fútbol y terminó en el ciclismo porque un buen día uno de sus hermanos lo convenció que participara en una competencia en Bogotá y encima de la bicicleta encontró las satisfacciones que el balón no le había proporcionado. Se entusiasmó tanto con el ciclismo que, en contra de los deseos de su madre, abandonó los libros y se dedicó al deporte de las bielas.

Su vida ciclística comenzó como turismero en 1981 y escasamente un año después ya se había ganado la Vuelta de la Juventud. Dos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Los Angeles ocupó la octava casilla, el mejor lugar conseguido, hasta ese momento, por un ciclista colombiano. Ese año lo redondeó con el título de campeón nacional de ruta y con la medalla de bronce que obtuvo en los 100 kilómetros de los Juegos Panamericanos celebrados en Medellín.

Como profesional hizo parte de varios equipos: Pilas Varta, Café de Colombia, Manzana Postobón y finalmente se ubicó en las filas del equipo español Kelme, en el que alcanzó sus mayores éxitos. Por la potencia que desplegaba en los últimos kilómetros, se ganó el respeto del lote internacional.

En 1988, después de imponerse en la Clásica de Boyacá, pasó la mayor parte del año en Europa. Allí obtuvo el que se considera su mayor triunfo en las carreteras del mundo: en la etapa Cáceres-Guijuelo en la Vuelta a España de 1990, cuando arrancó de largo y sorprendió a los grandes embaladores. En el viejo continente participó en 4 Tours de Francia, 3 Giros de Italia y 9 Vueltas a España, habiéndolos terminado todos. De su periplo europeo le quedó una frustración, no haber podido ganar una etapa en el Giro o en el Tour.

El año 1991 fue, definitivamente, el de su consagración. Abrió la temporada con el doblete en las clásicas a Boyacá y a Cundinamarca y en Europa se hizo notar en la Semana Catalana. En ella, ganó las etapas Lloret de Mar-Lloret de Mar y Barcelona-Andorra, esta última su única victoria en ascenso; además, portó la camiseta de líder de esa importante prueba ibérica hasta la jornada de cierre, momento en que debió entregarla ante la alianza de los equipos españoles. El último triunfo de Néstor Mora en Europa fue en la Vuelta de los Puertos, en España, en 1992, en la etapa Guadarrama-Guadarrama.

Fue uno de los ciclistas colombianos que más etapas ganó en Vueltas a Colombia, seis, y uno de los que más veces representó a Colombia en campeonatos mundiales, participó en cinco. No obstante que ya se hablaba de su retiro del ciclismo activo, el domingo anterior a su muerte ganó la etapa contrarreloj realizada entre Mariquita y Honda, en la clásica del Tolima. Néstor Mora fue uno de los primeros ciclistas que rompió con el estereotipo del ciclista colombiano, del escarabajo; su biotipo (corpulencia física y estatura) le permitió convertirse en un gran rodador, un embalador; como contrapartida, cuando las carreteras se empinabas tenía dificultades.

En el plano personal fue considerado un caballero del ciclismo, a lo largo de su carrera ciclística se caracterizó por su don de gente, era amigo de todos, vivía siempre sonriente, se ganó el aprecio de compañeros, rivales, técnicos, periodistas y aficionados, quienes aún lo recuerdan con cariño; era carismático. De él dijo Rafael Carrasco, quien fue su manager en el equipo Kelme: "Es una gran persona, un profesional íntegro, el corredor que todo equipo necesita". El técnico colombiano Raúl Meza, quien también lo dirigió, señaló: "Es una persona 1A: corajudo, luchador, amigo de todos".

Su vida deportiva tuvo, desafortunadamente, un final inesperado y trágico, El 21 de febrero de 1995, fecha que configura uno de los días más tristes, sino el más, del ciclismo colombiano en toda su historia, falleció Néstor Mora, que tenía 31 años de edad, y junto a él murieron también Augusto Triana, de 27, y Hernán Patiño, de 28, después de ser arrollados por un vehículo cuando se entrenaban, junto con los restantes miembros de su equipo por la carretera que conduce de Manizales a Medellín. En el mismo accidente resultó gravemente herido Asdrúbal Patiño. Los cuatro ciclistas hacían parte del equipo de Postobón, grupo que estaba a cargo de los ex ciclistas José Alfonso El Pollo López y José Patrocinio Jiménez.

Aquella mañana, en los planes de los 22 corredores del equipo Manzana Postobón estaba ir desde Chinchiná, población en la que se encontraban, hasta Medellín, ciudad de donde partiría la clásica de Itaguí. La moral del equipo era excelente porque justamente el domingo anterior, Néstor Mora había ganado con autoridad la etapa contrarreloj entre Mariquita y Honda, con la que había finalizado la clásica del Tolima.

Como ese día amaneció lloviznando, los muchachos le solicitaron a Patrocinio Jiménez que demorara un poco el entrenamiento, con la esperanza que las condiciones climáticas mejoraran; el grupo salió escoltado por una camioneta y un automóvil del equipo y hacia las 8:30 de la mañana llegaron al peaje de tres Puertas. En ese momento nuevamente estaba lloviznando; el piso húmedo y la inusual velocidad con que se desplazaba una tractomula fueron los detonantes de la tragedia; la tractomula, al parecer, tomó la curva muy abierta y golpeó con la parte posterior del remolque a un jeep que encontró en su camino, que, a su vez, salió disparado en la dirección del grupo de ciclistas.

El jeep impactó a Augusto Triana, quien murió instantáneamente, y a Néstor Mora y Hernán Patiño que murieron cuando eran conducidos al hospital. Asdrúbal Patiño, el otro afectado, inició en la sala de urgencias del Hospital Universitario de Manizales, su lucha contra la muerte; su recuperación fue casi milagrosa, meses después volvió a la concentración del equipo Postobón.

Así, en forma abrupta y absurda, terminó la vida de Néstor Mora.