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Las mujeres también son violentas

Noviembre 02, 2017


En los últimos años, nuestro planeta se ha visto abocado a una impresionante ola de cambios; aunque tal vez sea en el plano tecnológico en el que se perciban más fácilmente, también se presentan en los planos social, religioso, sexual, moral, etc.

Los roles de la pareja, por ejemplo, se modificaron en forma sustancial, ya no es la mujer la que necesariamente tiene que quedarse en la casa al cuidado de los hijos y al frente de los oficios caseros, ni el hombre el que tiene que salir a buscar el dinero que se requiere para el sostenimiento del hogar. En la esfera sexual la mujer ha logrado conquistas significativas, constituyendo el derecho al disfrute el más importante; la actual es una relación de iguales en la que la interacción sexual se presenta cuando los dos están dispuestos a ella. En este momento, las mujeres no solo no tienen que rendir cuentas por el estado de su himen, ni están obligadas a llegar vírgenes al matrimonio, sino que, además, les exigen a sus hombres que les cumplan sexualmente.

Esta tendencia a la igualdad también se hizo extensiva al ámbito de los delitos, que se consideraban patrimonio exclusivo de los hombres. Hasta hace muy poco tiempo, era raro que una mujer delinquiera; hoy existen cárceles femeninas y la población de éstas es numerosa. Los hechos muestras que las mujeres también matan, roban, engañan y son corruptas; lo hacen en menor proporción que los hombres, pero lo hacen. No sólo los hombres tienen vicios, atropellan y delinquen; también las mujeres.

A finales de 1980, 487 mujeres cumplían condena en prisiones españolas; las cárceles parecían entonces cosas de hombres: 29 de cada 30 personas detenidas eran varones. No obstante, un estudio reciente realizado en España reveló a que el número de mujeres presas se había incrementado en un 800%. En octubre del 2003, en las cárceles españolas había 4.448 mujeres de un total de 55.637 (8%). Se encontró que un porcentaje significativamente alto de las mujeres detenidas habían sido encontradas procesadas como esposas violentas, madres filicidas, y abusadoras sexuales.

Fue a mediados de la década de los años 90 que se reportaron las primeras víctimas masculinas de la violencia doméstica. Hasta ese momento se consideraba que los hombres eran los victimarios y las mujeres las víctimas. En la actualidad docenas de estudios han señalado que las mujeres son tan violentas como los hombres en sus relaciones conyugales. Este hecho no se concreta en las estadísticas oficiales debido a que la mayoría de los hombres que han sido objeto de violencia por parte de sus cónyuges optan por el silencio, que es producto del miedo a hacer el ridículo y de la convicción de que las agresiones de su cónyuge no serán tomadas en consideración.

En este momento se cuenta con suficientes datos como para concluir que la violencia doméstica no es exclusivamente un problema masculino. Diversos estudios demuestran que las mujeres no solamente recurren a la violencia para defenderse de los hombres sino que suelen tomar la iniciativa en las agresiones aproximadamente en la mitad de las peleas.

La presunción de que las mujeres no son violentas ha sido rebatida por la evidencia de la violencia existente en las parejas de lesbianas. Debido a los estereotipos de género no se concebía que en una relación de pareja entre mujeres pudiera haber agresiones; se consideraba que estas relaciones se caracterizarían por la equidad, la simetría, la comprensión. Según Claire Renzetti, la violencia en las relaciones lésbicas no solo se produce con la misma frecuencia que en las relaciones heterosexuales sino que puede llegar a ser extremadamente violenta.

En lo atinente a la violencia materna, el 10 de junio de 2009 nuestra región, para citar un ejemplo, fue sacudida con la noticia que en Piedecuesta, un bebé había sido raptado; la denuncia fue instaurada por Johana Macías, su madre. El 16 de junio Esteban Alejandro fue encontrado sin vida; la investigación posterior mostró que la madre había sido quien lo había asesinado.

Cada mes se producen -en promedio- dos hechos de este tipo en Colombia. Las estadísticas muestran un incremento en el número de madres que dan muerte a sus hijos; en el 2005 fueron procesados por filicidio 15 padres y 13 madres; en el 2008 6 y 25, respectivamente. En forma adicional, investigaciones realizadas indican que las mujeres son responsables de la mayoría de los homicidios de lactantes y niños.

Se suponía que en el territorio de los delitos sexuales las mujeres nunca iban a incursionar; no ha sido así. Si bien la mayor parte de los mismos siguen siendo cometidos por hombres se observa una creciente tendencia a que las mujeres los cometan. En los Estados Unidos, Mary Kay Letourneau fue, hace más de 10 años, la "pionera" de la relación sexo-afectiva profesora - alumno menor de edad. Lo que en su momento fue un caso aislado e insólito, que generó un escándalo mayúsculo, se ha convertido, de hace dos años para acá, en algo rutinario (se reportaron cerca de 4000 casos en el 2005).

El abuso sexual infantil, tradicionalmente fue asociado con los hombres; no obstante, han empezado a reportarse casos en los que quien abusa es una mujer. El que en una sola cárcel, la de Georgia, haya actualmente más de 100 mujeres cumpliendo condena por abuso sexual, induce a pensar que no es un hecho aislado, que estamos en presencia de un fenómeno al que definitivamente hay que prestarle atención.