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Fanático desconcentrado

Noviembre 01, 2017


El 5 de septiembre de 1993 Colombia jugó contra la Argentina el último partido de las eliminatorias para el mundial USA 94 y lo ganó en forma categórica, aplastó al equipo argentino, en su propio estadio, frente a su propia hinchada, por 5 a 0. No hay duda que ese día, por la categoría del rival, se escribió una de las páginas más gloriosas del fútbol colombiano.

En esa ocasión, por la exitosa campaña del equipo nacional durante la eliminatoria, un grupo relativamente numeroso de hinchas viajó a territorio argentino para acompañarlo. En ese grupo se encontraba Encarnación Rivera (nombre ficticio), que para viajar debió hacer ingentes esfuerzos, someterse a muchas privaciones; no obstante las enormes dificultades que tuvo que afrontar lo hizo porque sentía que estar en ese partido era lo máximo que podía ocurrirle en la vida.

Encarnación llegó al estadio con varias horas de anticipación, lo que le permitió gozar de una buena ubicación y se dispuso a degustar el plato futbolero. Los primeros minutos del partido fueron de máxima zozobra por la arremetida del equipo argentino, pero poco a poco Colombia fue adueñándose de la cancha. Cerca de la finalización del primer tiempo el Monumental enmudeció con el primer gol de Colombia. Desafortunadamente Encarnacíón no vio el gol, segundos antes de producirse éste alguien había gritado:
    ¡Jorge, Jorge!

Él había volteado a mirar en la dirección de la voz y estaba tratando de identificar a la persona que suponía lo había llamado cuando a través del grito de la barra colombiana supo que su equipo del alma había hecho un gol. No podía creer que se lo hubiera perdido, no le cabía en la cabeza haber hecho semejante esfuerzo para viajar y que alguien lo hubieran llamado justo en el momento del gol. El que Colombia fuera ganando atenuó su frustración y de nuevo se enchufó en el partido. Transcurría el minuto ocho del segundo tiempo cuando nuevamente volvió a escuchar una voz que decía:
    ¡Jorge, Jorge!

Al igual que en la ocasión anterior volteó a mirar y estaba intentado identificar al dueño de la voz cuando el estruendo de la barra tricolor le indicó que Colombia había anotado su segundo gol. Maldijo su mala suerte y se prometió no dejarse distraer más. No fue así, como si un duende se empeñara en jugarle una mala pasada, la situación se repitió, calcada, en el tercero, cuarto y quinto gol de Colombia, no vio ninguno de los goles de Colombia. Desesperado, segundos después del quinto gol de Colombia, giró en forma abrupta hacia el lugar de donde provenía la voz y en el tono más fuerte que pudo dijo:
    ¡Le exijo a quien me está llamando que me deje en paz, además… no entiendo porque me dice Jorge, yo me llamo Encarnación!


Breve Reflexión

Si bien lo sucedido a Encarnación Rivera se ubica en el territorio de la ficción, en la vida real, suele, con alguna frecuencia, darse el caso de personas que se embarcan en proyectos, vitales para ellas, de los cuales se desentienden frente a cualquier hecho, por trivial que sea, que se presente en su entorno. Cuando se analiza la vida de los triunfadores, de aquellos que han logrado lo que se han propuesto, se concluye que difícilmente se pueden alcanzar las metas propuestas si se está pendiente de lo que ocurre alrededor, de lo que hacen o dejar de hacer los demás.

Hay personas que, por ejemplo, están enteradas de todas las miserias, dificultades, errores, faltas que cometen los demás, hecho que las hace sentir importantes, pero, para infortunio suyo, con ellas no pasa nada, no se destacan en nada, no aportan nada. Cuando llega la hora del balance, con dolor constatan que por estar pendientes de lo que hacen o dejan de hacer los demás ellas no han avanzado, han quedado estancadas. Otras se distraen porque, como la niña Tulia, uno de los personajes del cuento "El flecha" de David Sánchez Juliao, se embarcan en peleas ajenas, que no les corresponden, lo que como sabemos, no sólo les quita el tiempo que deberían dedicar a sus proyectos sino que corren el riesgo de salir lastimados, malheridos.

Los hacedores, los triunfadores no tienen tiempo de ocuparse de los demás, saben que alcanzar una meta exige máxima concentración, que el tiempo que se invierte en estar pendiente de lo que hacen los demás, se pierde y nos aleja de volver realidad nuestros proyectos.

Adaptación: Ps. Juan José Cañas